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30 - Lunes 30 de mayo de 2011 - Bariloche


Bariloche, una megalópolis de 100.000 habitantes y plazas hoteleras para otros tantos. Es el principal centro de esquí del país, Capital Nacional del Chocolate y está totalmente volcada al turismo. Es una ciudad de esas donde todo el mundo es de fuera. En las guías se empeñana en llamarla "La Suiza de América del Sur", pero a mí me recuerda más a los pueblos grandes de la Sierra de Madrid, con esos hoteles y chalés pseudoalpinos setenteros.

La Navacerrada de América del Sur

Con su catedral emo (o neogótica)
Fui a parar al Hostel Pudú, todo un acierto. Esa misma tarde mis compañeros de habitación, unos canadienses tenían una mamada bastante avanzada para ser las 8 de la tarde y estaban jugando en el bar (el hostel tiene un barín) a un juego de cartas de esos que el que pierde hace algo. Yo, por mi parte, estaba tranquilamente leyendo en una esquina y les oía reírse y tal. Pero en un momento que levanto la cabeza veo a una de las chorbas despelotada bailando encima de la mesa.

Me desconcentró un poco de la lectura, así que aparté el libro y me puse, como el resto de los alojados, de miranda.
Se les unieron al juego unos irlandeses cerveceros que iban igual de cocidos y lo siguiente fue que la misma chorba tuvo que beber un chupito de whisky resbalando por la raja del culo de uno de los irlandeses. Muy jevi. Repito que eran las 8 de la tarde. Ante la correcta ejecución del ejercicio los espectadores nos rompíamos las manos de tanto aplaudir.
A esta siguieron otras pruebas más o menos inocentes hasta que a un irlandés le tocó que otro le hiciera un piercing en un pezón. Así, a pelo. Uffffff. Tardaron como media hora y hubo bastante sangre, pero finalmente lo consiguieron, vaya que si lo consiguieron. ¡Mother of the beautiful love!
Ahí ya me fui a acostar porque me moría de sueño, pero con muchas ganas de ver cómo evolucionaba la cosa. Lamentablemente al día siguiente no había nadie con una esvástica tatuada en la cara o una pierna ortopédica. O sea que TAN bien no lo pasaron.
Hablando de tatuajes, por fin me hice el de Torrente en una pierna. Qué ganas tenía.

Vale, sí, es coña, pero si hay una foto de una pierna con un tatuaje de Torrente, es que alguien tiene un tatuaje de Torrente en una pierna: un argentino tatuador que conocí en un fiestón que se organizó (premeditadamente) en el hostel y que hizo que me quedara justo el día que iba a marchar. No hay manera.
La dueña del hostel es una alemana de 25 años que tuvo una herencia y decidió instalarse aquí comprando un hostel, así que este es un sitio bastante más marchoso que la mayoría. El hecho de que tenga bar y que Issa se ponga a pinchar electro a la mínima de cambio propicia el jolgorio.
Conocí, como siempre, a un montón de gente de todas partes.
Hice más bajadas en bici que no comento porque me da morriña de mis amigotes de bici en Asturias.
Entrené en un local de escalada prácticamente igual al que tengo con mis amigotes de escalada en Oviedo (ídem de lienzo).
Más cenas multitudinarias.

Pasé bastante tiempo con Troy -un australiano- y Melanie -una francesa que estuvo de Erasmus en La Coruña, más maja que las pesetas y que tiene un sobrino que se llama Filemón- a los que ya conocía de El Bolsón.

El 25 de mayo, fiesta patria argentina comí, como dicta la tradición, un plato de locro, que no es más que callos con garbanzos. Unas danesas también lo comieron y les gustó, pero se negaban a creer qué parte del gocho es el modongo (los callos).
Una vez más me previnieron sobre lo peligroso que es andar en bici solo por los montes cercanos a las ciudades "porque hay gente cortando leña que lleva pistolas". No me encontré con ninguno.
Comí muchos alfajores.
Una noche fui al casino con Issa y Lucho -un colega suyo que lleva al Gauchito Gil tatuado en la pierna-. Uno perdió y el otro ganó. Yo no jugué y me vuelvo a convencer de que el juego no me produce ninguna emoción. Pero es interesante ver cómo a otros sí.
Ah, y vi el partido del Barça. Y no fue porque no tuviera otra cosa mejor que hacer. Dios mío ¿qué me está pasando?
Lo pasé muy bien y poco a poco se me fue pasando la crisis de morriña. El fiestón hizo que me quedara tres días más y por fin, un lunes, marché.

Easy tiger!