39 - Lunes 23 de agosto de 20141 - San Pedro de Atacama

(He estado muy vago con eso de la internet, lo reconozco, pero os
dejo dos entregas del tirón. Toma geroma)

Por fin, después de 15+2 horas de autobús, llegué a San Pedro de Atacama. Había quedado con Melanie, que ya había terminado su periplo por Argentina y pasaba por allí antes de irse al Perú.

En San Pedro, que está en medio del desierto, durante el día hace un calor que te cagas y una hora después de la puesta de sol te pelas de frío. Hay una sequedad brutal (la ropa se seca incluso de noche) y a mediodía viene siempre un viento de la costa que a veces trae mucha arena, que se añade a la que ya hay por todas partes del pueblo. Por las noches parece que las estrellas se van a caer sobre el desierto.

Como está a 2500 m de altitud, todas las bolsas están que revientan
La gente que vive allí habla de "la vez que llovió en febrero". Llueven de media 35 mm al año (un chupito). Pero eso es mucho, porque en el desierto más cercano a la costa hay zonas en las que llueven sólo 7. Es decir, los años que llueve, llueve un poco. Eso da lugar a un fenómeno que tiene que ser acojonante: el desierto florido.

Los desayunos al sol
Aquí aprovecho para soltar otra leccioncita de Historia: El Norte Grande, las dos regiones más septentrionales de Chile (Antofagasta -Antofa, como le decimos nosotros- y Tarapacá) pertenecían antiguamente a Perú y Bolivia. A finales del siglo XIX Chile, con capital británico, explotaba en esa zona las minas salitreras -ingrediente principal de la pólvora- del desierto y el guano -fertilizante agrícola- de las islas. Se les apeteció quedarse con esos recursos y declararon la guerra a los otros dos países. El resultado fue que Chile se quedó con la zona, pero al mismo tiempo descuidó la retaguardia y Argentina aprovechó para quitarle gran parte de la Patagonia.
Un dato cachondo es que nada más terminar la guerra se descubrió/inventó el salitre artificial.
Perú y Bolivia -que se quedó sin salida al mar- lo tienen bien metidito en la cabeza y es una de las razones principales del odio entre países. De hecho, de vez en cuando los presidentes de esos dos países lanzan soflamas acerca de la soberanía sobre el territorio.
Al mismo tiempo los argentinos no perdonan a Chile que Pinochet apoyara logísticamente a la Thatcher cuando la Guerra de las Malvinas (ni se te ocurra decir "Falkland" en Argentina).
Cualquier día se lían a guantazos entre todos. Pero vamos, un poco como allá: siempre hay alguna excusa para odiar a tus vecinos.
Nada más llegar a san Pedro fui corriendo a Correos a ver si había recibido los dos paquetes que esperaba:
  • El sillín Brooks: como en Coyhaique (hace la de dios) me habían robado el sillín, lo que hice fue comprar en el momento uno cutre y encargar por eso de la internet el apolíneo, hermoso, ultrabello, espectacular B17 Imperial Saddle. En negro. Qué armonía de líneas, qué cromados, qué hueco antiprostatítico tan definido, qué remaches tan bien puestos. Seré un pijolas, pero atreveos a decirme mirándome a los ojos que no es precioso.
  • El libro que me regaló Posi: no había llegado (después de casi dos meses) y al final lo recibí dos días antes de marchar. Pero lo recibí. Buenísimo, me encantó, lo devoré. Parece escrito para mí, aunque hará las delicias de cualquier otro pajillero de las bicis. Si queréis os lo dejo.

En sucesivos días Melanie y yo exploramos los alrededores en bici:

  • Laguna Cejar: bien. Unas lagunas con una concentración salina brutal. Flotas aunque no quieras y es bastante cachondo. Nadar hacia delante se hace raro porque los pies se salen solos fuera del agua.
  • Pukará de Quitor: Normalito. Un pueblo fortificado en el que sólo se ven muros de casas. Como los castros de allá, pero en medio de un secarral.
  • Valle de la Luna: bien. Casi todo el subsuelo es de sal. Las colinas están agujeradas como quesos de bola y al atardecer y enfriarse crujen continuamente. Una sensación muy extraña.
Al volver de allí nos entretuvimos en hacer el pijo con los frontales y quedaron unas fotos cuando menos curiosas.

  • Valle de la Muerte: guapo, sí, pero más de lo mismo.

  • Garganta del Diablo: muy guapo para hacer en bici. Esto lo hicimos con Matthieu y Elodie, los franceses de las crêpes de El Bolsón, que aparecieron sorpresivamente de camino a Brasil. Buen reencuentro.
  • Hotel Tierra Atacama: aconsejados por Borja fuimos a ver un hotel moderniqui muy guapo. Nos lo enseñó enterito el gerente. Un detallazo. Entre muchas otras cosas, un flipe las duchas de las habitaciones al aire libre. Echadle un ojo a la página, ya veréis. Los precios también son bastante moderniquis.
Un día hicieron el simulacro anual de emergencia por terremoto. Fuimos a la Zona Segura todos emocionados y no pasó nada de nada. Muy decepcionante.
Me reencontré con Marcelo y Deborah, mis benefactores de La Serena. Nos vimos sólo un ratín, pero moló.

Hice unos últimos arreglos a la bici: sustituir el radio que se rompió en el Valle de Elqui y reforzar la parrilla trasera soldándole otras patas, nueva demostración de que el acero mola más que el aluminio para viajar por ahí.
Recomiendo a todo el mundo que vaya por allí que pruebe las empanadas de los rastafaris, en una galería en la calle principal. Y cuando digo rastafaris, digo rastafaris de verdad, de los de leer la Biblia, con turbante, vegetarianos y sus mujeres con cofia.
Desde San Pedro mi intención era cruzar de nuevo la Cordillera para dirigirme al norte de Argentina. La frontera elegida era el Paso Sico, al que se llega por una pista de ripio de 200 km. Los señores carabineros están muy preocupados por nuestra seguridad y cerraron el paso a causa de la nieve caída hace más de un mes. Vale, pues entonces el Paso Jama, que sí que está abierto al tráfico y es de asfalto. Pues tampoco, las bicis no pueden pasar por ahí porque es superpeligrosísimo de la muerte. De hecho, los vehículos de motor sólo pueden pasar en días perfectos y todos en caravana, a las 6:30 de la mañana.
Tras sucesivas visitas a todos los organismos encargados de la frontera (carabineros, aduana y PDI) e insistir bastante para ver si encontraba algún resquicio legal o alegal que me permitiera hacerlo en bici y no tener que pedirle a un camión que me llevara, me gané el apelativo de porfiao (cabezón) por parte de un cariacontecido paco (carabinero) adusto y con el rostro cetrino. Decidí que lo mejor era meterles una pequeña mentirijilla inocente: les diría que me desviaba hacia Bolivia yendo por la misma carretera que el Paso Jama, pero luego me escabulliría y seguiría de frente, esperando burlar su férrea vigilancia.

Para ver fotos más que decentes de Atacama, sírvanse pasar por el blog de Melanie. De hecho, varias de las fotos que he puesto en esta entrada han sido cedidas amablemente por ella.

Tengo unas ganas que me muero de reemprender el viaje. Así a lo pijo hace 2 meses que dejé de pedalear (lo del Valle de Elqui lo considero una nadería -ciclísticamente hablando-) y estoy empezando a languidecer. Creo.


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